Mis piezas están hechas con elementos naturales que encuentro a la deriva.

Mi gran momento es cuando observo esas formas caprichosas y a veces caóticas de la naturaleza. En ese momento siento una asombrosa armonía que me atrapa. Es la imponente sensación de que me hallo delante de una construcción perfecta. Enseguida se establece un vínculo, una comunicación, una relación entre ambos. Esa es la comunión en la que me sumerjo en mis largos paseos, sin tiempo ni espacio, por los paraísos de la madre Tierra.

En ocasiones, ese diálogo con la naturaleza me lleva a ver la pieza como quedaría tras trabajar en ella, podría decir que… “terminada”. Aunque si soy sincera yo no intervengo demasiado, la mayor parte lo hace la naturaleza con su sabiduría.

Cada una de mis piezas está relacionada con lugares concretos, con emociones intensas, con paisajes de mi interior conectados a las experiencias que conforman mi vida. Es por eso que cada una de ellas es única e irrepetible